Si construyera el camino de mi vida en forma de estaciones de Spinoza, ilustre filósofo de raíces rayanas, en estos cinco años habría pasado del conocimiento a la libertad, del conocimiento a la felicidad.

Comprender quién era yo en realidad, cuál mi naturaleza, qué camino era mi destino. A partir de ahí todo era fácil, bastaba, basta con ir paso a paso.

Es fácil entender el orden correcto alumbrado por el inquieto e inquietante crecer de Abril, deslumbrante luz de mi vida, reflejo de la misma fuerza torrencial y protectora que emana de su madre.

Feliz cumpleaños, Abril.

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