Si construyera el camino de mi vida en forma de estaciones de Spinoza, ilustre filósofo de raíces rayanas, en estos cinco años habría pasado del conocimiento a la libertad, del conocimiento a la felicidad.

Comprender quién era yo en realidad, cuál mi naturaleza, qué camino era mi destino. A partir de ahí todo era fácil, bastaba, basta con ir paso a paso.

Es fácil entender el orden correcto alumbrado por el inquieto e inquietante crecer de Abril, deslumbrante luz de mi vida, reflejo de la misma fuerza torrencial y protectora que emana de su madre.

Feliz cumpleaños, Abril.

Sospecho del brillo de Abril porque es mi hija.

Sospecho de su luz porque es su madre la que la atrapa en sus pinceles.

Y entre el hoy y la memoria, no se me aclara el recelo de escuchar el rumor de la misma savia incontenible en la madre y en la hija.

La más amada mirada la del amante.

Pasan los años

queda el tiempo y la vida

la muda y la herida.

Cambia el reflejo,

no la mirada

capaz de transformarlo todo,

entero el futuro

en nuevos caminos

con forma de líneas,

unas por leer,

otras por escribir.

 

Tan grande es el desamparo que nos define que bastan horas de bolígrafos con tinta negra de silencio para reconocer nuestra forma frente al espejo.

Ahora me toca a mí… ¿Cómo están ustedes?

Es el amor de Inma y Manuel uno de esos amores arquitectónicos, elevados desde unos cimientos de los que nadie, salvo ellos, recuerda ya el principio.

¿Acaso era posible que ese trabajado privilegio de vida se hiciera carne en una visión que evocara menos perfección y felicidad?

La fortaleza de un vínculo que no es dominio sino prolongación. Sostenido por pura y palpitante belleza capaz de transformar dos sentires en un solo ser, en una sola forma inexplicablemente plena.

“Media vida para entender que no había nada por descubrir, que todo estaba contado.

Un cometido para lo que me resta: rastrear las huellas de los que encontraron el camino que conduce a la verdad, al secreto del silencio.

Nos legaron sus rutas y planos en forma de páginas y versos, cuadros y escenas, acordes y lamentos.

Solo el tiempo les proporciona sentido, solo hoy se puede entender el ayer.”

Abel Atalanta

http://abelatalanta.blogspot.com/