Bajo el concepto  esquivo y demasiado mitificado de arte, subyace la mera e innegable pulsión creativa de todo ser humano.

En principio inaprehensible, el autor, desde la inspiración, la reflexión y el dominio de la técnica, busca infatigable la forma, convertir su comezón en algo físico susceptible de ser percibido sensorialmente, llegar a la obra, la que ha de responder a las expectativas de lo previamente pensado o soñado, acorde con su propia visión de la vida, la que solo puede pertenecerle a él, ser su obra.

En su sentido más puro y elevado, al arte le baste el arte, el artista se expresa, crea, sigue su camino porque un impulso íntimo se lo exige y no necesita más alimento que aliviar su propio estímulo. Sin embargo, también el arte se despliega en un doble flujo o dirección, en la capacidad de expresar, sí, pero también en la de apreciar por parte del posible receptor de lo creado.

Este canal nace con esa vocación, la de convertirse en galería virtual donde el proceso se complete, el que va desde lo que la mirada de Susana transforma con la ayuda de trazos y colores en algo distinto, hasta los ojos del espectador, que tendrá la oportunidad de fijar el valor de lo único, de lo no reproducible mecánicamente, que ya ni siquiera le pertenece a la propia autora,  incapaz de hacer una copia exacta de lo que el tiempo y su pericia dejó atrás.

El que al otro lado haya alguien que mire, que observe con atención, que reciba el mensaje, que lo interprete, que lo malinterprete, que lo haga suyo, que le diga algo en fin, basta para cumplir con lo pretendido, para conectar con uno de las medios más puros e intuitivos de acercarse al misterio de la condición humana, el del arte.

Gracias por estar ahí, frente a la mirada de Susana.

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