Es el amor de Inma y Manuel uno de esos amores arquitectónicos, elevados desde unos cimientos de los que nadie, salvo ellos, recuerda ya el principio. ¿Acaso era posible que ese trabajado privilegio de vida se hiciera carne en una visión que evocara menos perfección y felicidad?

La fortaleza de un vínculo que no es dominio sino prolongación. Sostenido por pura y palpitante belleza capaz de transformar dos sentires en un solo ser, en una sola forma inexplicablemente plena.

“Media vida para entender que no había nada por descubrir, que todo estaba contado. Un cometido para lo que me resta: rastrear las huellas de los que encontraron el camino que conduce a la verdad, al secreto del silencio. Nos legaron sus rutas y planos en forma de páginas y versos, cuadros y escenas, acordes […]