Tan grande es el desamparo que nos define que bastan horas de bolígrafos con tinta negra de silencio para reconocer nuestra forma frente al espejo.

Ahora me toca a mí… ¿Cómo están ustedes?

Es el amor de Inma y Manuel uno de esos amores arquitectónicos, elevados desde unos cimientos de los que nadie, salvo ellos, recuerda ya el principio. ¿Acaso era posible que ese trabajado privilegio de vida se hiciera carne en una visión que evocara menos perfección y felicidad?