Sospecho del brillo de Abril porque es mi hija. Sospecho de su luz porque es su madre la que la atrapa en sus pinceles. Y entre el hoy y la memoria, no se me aclara el recelo de escuchar el rumor de la misma savia incontenible en la madre y en la hija.

La más amada mirada la del amante.

Pasan los años queda el tiempo y la vida la muda y la herida. Cambia el reflejo, no la mirada capaz de transformarlo todo, entero el futuro en nuevos caminos con forma de líneas, unas por leer, otras por escribir.