Manuel descubre el mundo mientras el mundo lo descubre a él.

Atento al peculiar fonógrafo ilustrado, a la caja de resonancia reverberante de palabras, a la máquina del tiempo capaz de obrar el prodigio, el de atravesar dos mil años para acercar la voz susurrante de Horacio al oído, la que advierte que no fíes del incierto mañana.

Bajo el concepto  esquivo y demasiado mitificado de arte, subyace la mera e innegable pulsión creativa de todo ser humano. En principio inaprehensible, el autor, desde la inspiración, la reflexión y el dominio de la técnica, busca infatigable la forma, convertir su comezón en algo físico susceptible de ser percibido sensorialmente, llegar a la obra, […]