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Ni Sergio ni Carolina, niños inconscientes y felices, sabían de ello entonces.

Mas el destino aguarda paciente en la esquina de la calle.

A que un luminoso día de verano del diecinueve a un sí le responda un sí. Quiero. Te quiero.

Con el aire de imágenes y retratos de antaño, atrapar la luz del vínculo reflejada en sus miradas contrapuestas. La luz de un hilo que ellos todavía aun no saben expresar, pero que sienten cómo ya los ata y tira de ellos… para siempre.

Si construyera el camino de mi vida en forma de estaciones de Spinoza, ilustre filósofo de raíces rayanas, en estos cinco años habría pasado del conocimiento a la libertad, del conocimiento a la felicidad.

Comprender quién era yo en realidad, cuál mi naturaleza, qué camino era mi destino. A partir de ahí todo era fácil, bastaba, basta con ir paso a paso.

Es fácil entender el orden correcto alumbrado por el inquieto e inquietante crecer de Abril, deslumbrante luz de mi vida, reflejo de la misma fuerza torrencial y protectora que emana de su madre.

Feliz cumpleaños, Abril.

Atento al peculiar fonógrafo ilustrado, a la caja de resonancia reverberante de palabras, a la máquina del tiempo capaz de obrar el prodigio, el de atravesar dos mil años para acercar la voz susurrante de Horacio al oído, la que advierte que no fíes del incierto mañana.

Bajo el concepto  esquivo y demasiado mitificado de arte, subyace la mera e innegable pulsión creativa de todo ser humano.

En principio inaprehensible, el autor, desde la inspiración, la reflexión y el dominio de la técnica, busca infatigable la forma, convertir su comezón en algo físico susceptible de ser percibido sensorialmente, llegar a la obra, la que ha de responder a las expectativas de lo previamente pensado o soñado, acorde con su propia visión de la vida, la que solo puede pertenecerle a él, ser su obra.

En su sentido más puro y elevado, al arte le basta el arte, el artista se expresa, crea, sigue su camino porque un impulso íntimo se lo exige y no necesita más alimento que aliviar su propio estímulo. Sin embargo, también el arte se despliega en un doble flujo o dirección, en la capacidad de expresar, sí, pero también en la de apreciar por parte del posible receptor de lo creado.

Este canal nace con esa vocación, la de convertirse en galería virtual donde el proceso se complete, el que va desde lo que la mirada de Susana transforma con la ayuda de trazos y colores en algo distinto, hasta los ojos del espectador, que tendrá la oportunidad de fijar el valor de lo único, de lo no reproducible mecánicamente, que ya ni siquiera le pertenece a la propia autora,  incapaz de hacer una copia exacta de lo que el tiempo y su pericia dejó atrás.

El que al otro lado haya alguien que mire, que observe con atención, que reciba el mensaje, que lo interprete, que lo malinterprete, que lo haga suyo, que le diga algo en fin, basta para cumplir con lo pretendido, para conectar con uno de las medios más puros e intuitivos de acercarse al misterio de la condición humana, el del arte.

Gracias por estar ahí, frente a la mirada de Susana.

Burlando el tiempo

Burlando el tiempo

Agus o CiegoSabino.

CiegoSabino es un veterano ultrafondista y triatleta de larga distancia. Con su aspecto de guerrero de otros tiempos se enfrenta unos desafíos desmedidos en tiempo y distancia con su mejor arma, la ilusión que le exige darlo todo en cada carrera, pero siempre desde el buen humor, restando importancia a tantos célebres retos y aventuras  conseguidos, humanizando lo fuera del alcance de la gran mayoría.

Agus también vive su vida, se enfrenta al otro tiempo, al que se escribe con mayúsculas, el que todos tenemos marcado, valiéndose de las mismas armas, esa eterna sonrisa del retrato, la que parece decir que basta con desdramatizar, que la vida no va tan en serio

Lino y bastidor para comenzar un nuevo trabajo, esta vez con óleo. Ilusión.