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Es el amor de Inma y Manuel uno de esos amores arquitectónicos, elevados desde unos cimientos de los que nadie, salvo ellos, recuerda ya el principio.

¿Acaso era posible que ese trabajado privilegio de vida se hiciera carne en una visión que evocara menos perfección y felicidad?

La fortaleza de un vínculo que no es dominio sino prolongación. Sostenido por pura y palpitante belleza capaz de transformar dos sentires en un solo ser, en una sola forma inexplicablemente plena.

Verdes infinitos, candelas en la oscuridad.

Manuel descubre el mundo mientras el mundo lo descubre a él.

Lino y bastidor para comenzar un nuevo trabajo, esta vez con óleo. Ilusión.